El Rally Dakar es una provocadora manifestación de prepotencia y derroche de riqueza que goza cada año de una intensa cobertura mediática y es criticado desde hace años por sus impactos medioambientales, sociales y humanos, cuando se queman millones de litros de combustible para atravesar a alta velocidad ciudades, pueblos y aldeas de África sin ningún tipo de valla o sistema de seguridad. Este tipo de eventos no favorecen ni el desarrollo de las zonas afectadas porque todo lo que se usa está importado de Europa. No hay apenas consumo local. Estos rallies son sólo una excusa para la promoción de las marcas del sector de la automoción y los carburantes. Y no olvidemos que no suele ganar el piloto más intrépido, sino el que cuenta con más medios de asistencia, con más dinero, vaya.
El Rally Dakar es un espectáculo que utiliza localizaciones de África como decorado, pero esconde los problemas que padece el continente más pobre, la falta de suministro de agua potable, el SIDA, el hambre y la miseria... Aunque los organizadores del evento se esfuerzan en lavarle la cara con compensaciones económicas a los gobiernos autoritarios de las tierras por las que transcurre, en realidad la caravana lo único que deja es un rastro de gente atropellada, de chatarras y desechos. A lo largo de estos años, 17 participantes han fallecido durante el Rally. Pero el número de muertos se eleva por encima de los 50, si se añaden los muchos peatones arrasados y algún mecánico y periodista. Y eso sin contar los heridos y el ganado muerto por "accidente involuntario".